La cajita de los secretos

Luis López-Aliaga dice que los secretos familiares son como una cajita que alguien ha puesto en algún rincón de la casa. Una cajita cerrada y discreta, por supuesto. Todos saben dónde está, se topan cotidianamente con ella, pero nadie se atrevería a abrirla. Para evitarlo y para disimular su presencia, “le ponen incluso un mantelito a crochet encima”. Sigue leyendo

Compensaciones

Juguemos al payasito, me dice. El juego no tiene nada que ver con payasos. A ella le gustan los juegos físicos y en algún momento de nuestra vida se ha inventado éste y le ha puesto ese nombre, vaya uno a saber por qué. El juego consiste en encaramarse encima mío. Me escala como si yo fuese un árbol. Sigue leyendo

Modiano a orillas del Mapocho

Es insoportable que un escritor detenga a sus personajes en cada semáforo sólo para mencionar la calle que están a punto de cruzar. Exagero, obviamente. Pero es más o menos lo que pasa, una y otra vez, en esta novela de Modiano que, por fortuna, ya voy terminando (abandoné otra suya hace unos meses y la culpa me obligó a darle a ésta la oportunidad de contar la historia completa). Sigue leyendo

Novela de fantasmas

Viajo en bus a Concepción. Ocupo un asiento al lado del pasillo. Leo una novela de fantasmas. No es una novela de fantasía, sino de fantasmas. A mi derecha, ligeramente en diagonal, van dos amigas que conversan en voz baja. Parecen compañeras de universidad. Delante mío veo la cabezas canosas de una pareja de ancianos: ella en la ventana y él en el pasillo. La protagonista de la novela que voy leyendo es una mujer joven que está obsesionada con un escritor de otro siglo. Sigue leyendo

Una traición

Los libros que desaparecen de formas misteriosas debieran ocupar un capítulo en la historia de la traición. Leí esta mañana una columna de Vila-Matas en la que comenta una foto del Barthes por Barthes y en la que se ve al pensador francés como un estudiante quinceañero y bien trajeado. “En esos días, los liceístas eran señoritos”, escribió el mismo Barthes bajo esa imagen. Sigue leyendo

Este Enrique y ese Felisberto

Me senté en mi sillón favorito, junto a la ventana, y me puse a leer un libro de columnas y ensayos dispersos de Vila-Matas, un libro que fue publicado en el año cero de este siglo y que figura equidistante entre el Vila-Matas de Historia abreviada de la literatura portátil y el Vila-Matas de la cabeza mitad calva mitad cana de hoy, y mientras leía las primeras páginas Sigue leyendo

Ganas de lluvia

Son días fríos en Santiago. Leo en el diario una nota en que un grupo de estudiantes talquinos y valdivianos, curtidos por la lluvia y las heladas, reparten consejos a sus pares santiaguinos para capear el invierno. Lo primero, dicen, son los bototos. Un buen par de bototos para no andar a saltitos por la calle. Luego hay que forrarse entero, aunque tengas que cargar con varias capas de ropa y una pinta de michelín. Y nada de paraguas: son incómodos, quedan siempre goteando por ahí o se pierden. Sigue leyendo