Pablo Ortúzar, encargado de cultura en el comando de Evelyn Matthei, publicó una columna  esta mañana para dar cuenta de la posición de la candidata en relación con un solo tema: el IVA al libro en Chile. El texto tiene pocos argumentos originales y, en rigor, es un compilado de ideas que otros ya han sostenido públicamente, varias de las cuales yo mismo he comentado en este blog.

La columna de Ortúzar tiene seis argumentos. Voy a aprovechar ese orden para comentarlos uno por uno. Lo hago brevemente, sin extenderme demasiado en cada punto.

1. Dice Ortúzar: «Una disminución en los precios de los libros no implica un aumento de lectores». Quienes defendemos en serio la eliminación del IVA a los libros nunca hemos dicho lo contrario. Es bastante delirante pretender que una medida tributaria, aunque afecte directamente el consumo de uno de los principales soportes de lectura, vaya a tener como resultado inmediato el aumento de lectores. No existe ningún estudio en el mundo que haya demostrado una cosa así, entre otras razones por una cuestión muy básica: el gusto por la lectura es un fenómeno complejo que depende de muchos otros factores y no exclusivamente del acceso a los libros, aunque el acceso sea el factor principal.

No es extraño que quienes se oponen a la eliminación del IVA descalifiquen la medida por la vía de pedirle milagros. Ortúzar, perdido entre los datos sobre Suecia y las encuestas locales, nos quiere demostrar que la eliminación del IVA al libro no va a crear nuevos lectores. Fíjese bien, el columnista le exige a una medida tributaria lo que veinte años de políticas públicas en educación y cultura y millones de dólares de inversión en bibliotecas no han hecho: elevar el número de lectores en Chile. Vamos a ponerlo así: la demanda por la eliminación del IVA al libro no es una campaña de fomento a la lectura, aunque pretenda hacer lo que muchas campañas de fomento lector han buscado: relevar el valor que tienen entre nosotros el libro y la lectura a través de un solo y potente gesto simbólico.

¿Pero entonces se trata solamente de simbolismos? No. Si bien no podemos demostrar que la eliminación del IVA tenga un efecto positivo en los niveles de lectura, sí podemos demostrar que la disminución de precios tiene un efecto positivo en el acceso a los libros. El mismo Ortúzar nos entrega algunos datos que desconocíamos: Letonia subió el IVA a los libros de 5 a 21% y los efectos negativos en el acceso se sintieron de inmediato. Lo mismo ha pasado recientemente en España: desde que el IVA para espectáculos culturales subió de un 8 al 21%, el número de asistentes al teatro ha descendido  en más de un 30%. Si el aumento de impuestos para bienes culturales significa un obstáculo para su consumo, ¿la eliminación de esos impuestos no mejoraría su acceso? Y si mejora el acceso al libro, ¿no impactaría eso positivamente en las prácticas de lectura?

2 y 3. Dice Ortúzar: «Nada asegura que la disminución del IVA [al libro], aunque sea a toda la cadena productiva, se traspase al lector». Es cierto, nada asegura eso en un principio, pero tampoco nada asegura que ese traspaso no se produzca. Por supuesto, la eliminación o disminución del IVA sólo se justifica si supone una disminución del precio promedio de los libros en Chile. Hecha la reforma tributaria, el mecanismo y la norma que se implementen debieran asegurar ese efecto. ¿O me van a decir que, en el mismo país donde la ingeniería tributaria al servicio de los privados permite que un supermercado pague 679 pesos de patente, no existen los mecanismos adecuados para que el Estado disminuya un impuesto y asegure la disminución de precios?

4. Dice Ortúzar: «Incluso si el descuento se traspasara a los compradores, los libros en Chile seguirían siendo comparativamente caros respecto a otras partes del mundo». Depende del país con que hagamos la comparación, aunque el supuesto es incuestionable: aquellos países con mercados más grandes tienen precios promedios menores al precio promedio de los libros editados en Chile. ¿Por qué? Porque el tamaño del mercado condiciona la tirada del libro, y ésta incide en el precio final: a mayor tirada, menor costo por ejemplar y, por tanto, menor precio. Si guardamos en el cajón del escritorio la eliminación del IVA al libro y apostamos por bajar el precio por la vía de la expansión del mercado, ¿cuánto tendríamos que ampliarlo para tener un efecto significativo en los precios? No tenemos idea, entre otras razones porque nuestra industria es desconocida  para nosotros mismos, no tenemos cifras: ni siquiera sabemos cuál es su volumen de negocio. Por lo tanto, ninguna medida que apueste por expandir el mercado podría medirse a corto plazo.

Y en esto también hay algunos mitos. El hecho de que tres cuartas partes de nuestro mercado sean libros importados produce una distorsión en la percepción que tenemos sobre los precios de aquellos libros producidos en Chile. Lamentablemente no hay estudios recientes sobre este asunto, pero los animo a comparar los precios netos de los libros producidos en Chile, Argentina y Perú. Probablemente se encuentren con sorpresas y el libro chileno no salga tan mal parado. ¿Una explicación posible? Chile tiene una de las industrias gráficas más competitivas de América Latina (una ventaja comparativa si de verdad quisiéramos hacer de Chile un país exportador de libros).

5. Dice Ortúzar: «los principales beneficiados por una reducción o eliminación del IVA a los libros serían los actuales lectores […] las personas de mayores ingresos del país». Esto es falso. Obviamente, quienes tienen más ingresos tienen también la posibilidad de comprar más libros (y más y mejor salud, y más y mejor educación), pero es falso que el gusto por la lectura sea patrimonio de los ricos en Chile. Lo que es cierto es que existe una relación positiva entre ingresos y buenos índices de lectura y que, por lo tanto, hay más lectores en el quinto quintil que en el primero. Pero el Estudio de Comportamiento Lector de Microdatos del 2011 demostró que, aunque hay más lectores en el quinto quintil, la mayoría está repartida homogéneamente en los otros cuatro quintiles.

Si los lectores están bien repartidos socialmente, ¿a través de qué mecanismos acceden a los libros los lectores de escasos recursos? A través del mercado informal y las bibliotecas. Uno de cada tres libros que se venden en Chile es un libro usado o un libro pirata. Para ese lector, existe una clara barrera de acceso al mercado formal. Por otra parte, según un estudio de la Dibam, el 53,7% de los usuarios de las bibliotecas públicas pertenece a familias cuyos ingresos son menores a $ 350.000 mensuales.

Pero hay algo más: una eliminación del IVA no sólo es un beneficio para los lectores. También es un beneficio para las instituciones educacionales y para todos quienes participan de ellas. Los libros siguen siendo parte de los procesos de formación de las personas, desde la sala cuna en adelante. Una disminución del precio promedio de los libros en Chile significaría un aumento sustantivo e inmediato de los presupuestos de las bibliotecas de instituciones de educación públicas y privadas.

6. Dice Ortúzar: «Si en verdad en Chile la principal barrera para la lectura fueran los precios de los libros, las librerías de viejo y las bibliotecas serían muy populares». Lo son. Si a las librerías de viejo y a las bibliotecas sumamos los libros piratas, en conjunto se trata efectivamente de una oferta muy popular. Lo dicho antes: ésta es la oferta a la que pueden acceder quienes, por la barrera del precio entre otros factores, no pueden acceder al comercio formal.

Quienes defendemos la eliminación del IVA al libro siempre hemos sostenido que esta medida debiera ser el pilar de una política integral de fomento al libro y la lectura. Si hay un punto de partida, es éste. La medida en sí misma poco puede hacer, pero puesta al centro de un plan más ambicioso sería una potente señal desde un Estado que decide hacer un esfuerzo de recaudación fiscal para mejorar el acceso de los chilenos a los libros y la lectura.

5 comentarios en “IVA al libro: contra los argumentos de Matthei

  1. Toda política de impuestos diferenciados tiene un costo alto en administración y control. Chile ya experimentó eso con los aranceles diferenciados de importación, los controles de precios en el gobierno de la UP y el desastre administrativo que ello exigió con la famosa Dirinco.

    La política de impuestos diferenciados es más errada aun, cuando el bien superior que se persigue no se alcanza con la medida propuesta. Ése parece ser el caso del IVA de los libros.

    Dicho de otra forma y coincidiendo con el análisis de Ortúzar, si el objetivo es subir la lectura y los lectores en Chile, cosa muy distinta, por cierto, creo que la política de eliminación de IVA tiene un costo alto (algo así como una nueva Dirinco al interior del SII) y un beneficio muy bajo (pocos nuevos lectores). Esto, dado por los estudios en la materia que indican una elasticidad en los lectores actuales y una inelasticidad en los supuestos nuevos. Eso explica la baja en los lectores al momento de aumentar impuestos y por qué no se puede extrapolar el efecto contrario cuando bajamos impuestos: sencillamente porque es el universo de lectores (constante y no función del precio del libro) el inelástico y una vez llevado el número de lectores a su máximo potencial, modificaciones de precio a la baja no afectan la demanda, pero sí lo hacen a la inversa, es decir, aumentos de precio hacen que los ya lectores compren menos libros. Es, por decirlo de alguna forma, una demanda quebrada.

    Por eso, creo que hay mejores políticas para conseguir un país más lector y ellas pasan por algo bastante más difícil, pero eficaz: incentivar la lectura desde pequeños, tanto en la casa, como en el colegio.

    Comparto el interés de Marco Antonio en este tema, pero creo que con la eliminación del IVA, nos llenaremos de fiscalizadores, más carga administrativa para el SII, más consumo de recursos (a estas personas hay que pagarles, por supuesto) y no lograremos ese loable objetivo de fomentar la lectura.

    Propongo hacer la pega desde le cuna y utilizar más fondos de los que se habla, si elimináramos el IVA a los libros, pero para inyectarlos en una educación de real calidad en las salas cuna, primaria y secundaria. Eso va a tener en sí un efecto infinítamente más potente, no solo en la lectura, sino en toda la cadena productiva de Chile.

    1. Muy de acuerdo contigo Francisco, me parece que una re inversión del IVA que produce la cultura, llámese libro, teatro, cine, recitales, etc., en el fomento de esta, tendría resultados más halagüeños. También es cierto que sin el decidido compromiso de la familia, las lucas no harán el milagro. En mi caso tengo 4 hijos, las dos menores de 13 y 14 años apenas salen de vacaciones se van a la excelente biblioteca pública que tenemos en Puente Alto y se traen al menos 2 libros cada una que se los devoran en menos de una semana y van por más, incluso leen paralelamente libros de su interés con los del programa de lectura del Mineduc. Cuando vamos al Mall, ellas se quedan en una librería ya que al ver su entusiasmo por la lectura, los dependientes las dejan hojear cuanto libro encuentran, pero esto se incentivó desde pequeñas. Hay mucho por hacer en materia cultural especialmente en la lectura, en un país en donde un número importante de niños llegan a 8° año sin leer de corrido y menos de manera comprensiva, para que hablar de 4° medio.

  2. Me parece sorprendente que una persona que, considerandose culta y preparada, salga con una burrada de ese tipo. Es probable que prefiera quitarle el IVA a los cigarrillos o a los licores para poder participar de un coctel. En este país, mas de la mitad de los ciudadanos tiene problemas de comprensión de lectura, incapaces de entender un manual o una instrucción básica para realizar algo. No se entiende viniendo de donde viene.

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