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IVA al libro, ¿ahora es cuando?

El gobierno de Sebastián Piñera prepara un proyecto de reforma tributaria que debiera estar listo en los próximos meses. Como todos saben, se trata de una reforma que busca recaudar más, arrimando al fisco unos 800 millones de dólares para inversión en educación; pero también espera aliviar «la carga de tributaria de la clase media» rebajando en algunos puntos porcentuales el impuesto a las personas. ¿Es posible aprovechar esta coyuntura para poner en la agenda pública la rebaja o eliminación del IVA al libro?

Desde su época de candidato, Sebastián Piñera se mostró contrario a la idea de rebajar el IVA al libro, argumentando (en un recordado debate televisivo) que un beneficio como ése favorecería tanto a los libros buenos como a los libros malos, y que a él, por cierto, le interesaba destacar los libros buenos. Ni en ese minuto, ni durante su gobierno, nos hemos enterado de cuál es la lista de los libros buenos ni muchos menos quién los legitima. De cualquier modo, su ministro de Cultura parece más abierto a la discusión. Luciano Cruz-Coke no sólo se ha mostrado favorable al diálogo en torno al tema, sino que encargó hace algunos meses un estudio sobre el impacto que tiene el IVA en la industria editorial. Y aunque aún no tenemos los resultados —por estos días, el estudio está en manos del Observatorio de Políticas Culturales— existe la posibilidad de que, visto el informe, Cruz-Coke se muestre más favorable a una reforma en esta materia.

En este punto es importante recordar que, de acuerdo a nuestro régimen presidencialista, cuando se trata de tocar los impuestos el proyecto de ley sólo puede emanar desde el Ejecutivo. Por eso es importante la opinión que pueda tener Cruz-Coke u otros personeros de gobierno.

Chile tiene uno de los IVA al libro más altos del mundo: un 19%. Muchos países europeos tienen una IVA diferenciado, como España (4%) o Francia (5,5%), y la mayoría de nuestros vecinos en América Latina tiene una IVA cero: Argentina, México, Perú, Colombia y varios más.  También hay que recordar que Chile fue históricamente un país con exención tributaria para los libros y que fue la dictadura la que impuso el gravamen el año 1976. Es, por tanto, otra de las herencias de nuestro pasado autoritario.

La eliminación del IVA a los libros no va a elevar por sí sola los índices de lectura en Chile ni tampoco asegurará, de entrada, que los libros sean más baratos, pero es una medida necesaria y virtuosa en el contexto de un abanico de políticas públicas orientadas, con decisión y recursos, a la promoción de la lectura. Se trata, además, de una demanda emblemática de la ciudadanía.

Un dato más: un estudio del Centro de Microdatos de la Universidad de Chile demostró que la lectura tiene una relación positiva con los salarios: a mayores índices de lectura, mayores ingresos. En otras palabras, «la capacidad lectora puede afectar el crecimiento económico a través de aumentos en productividad en el mercado del trabajo». No lo decimos con lindas palabras quienes creemos en el valor transformador que tiene la lectura, lo dice un grupo de economistas: la lectura, esa tecnología que está en la base de todo proceso educativo, puede hacer la diferencia.

Cuando se trata de diseñar una reforma tributaria que tiene como objetivo fundamental mejorar la calidad y el acceso a la educación, ¿no sería sensato, en este contexto, eliminar el IVA a los libros, y mejorar y democratizar su acceso? ¿Es tiempo de dar la pelea? Quiero pensar que ahora es cuando.

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  1. Es demasiado abusivo el impuesto al libro.
    En la actualidad tener un libro es visto como un bien reservado solo para unos pocos, cuando corresponde que sea de todos; si tanto se formulan planes de fomento a la lectura y discursean sobre el aporte de este en la formación de ciudadanos críticos y reflexivos deberían poner el énfasis en hacer del libro un sustrato cultural accesible, democratizarlo. De nada sirve hablar sobre las cualidades de un producto cuando no es "alcanzable" para el consumidor, inclusive resulta contradictorio expresar la gracia de algo y no ponerlo a servicio de todos, hoy en Chile sigue siendo solo para una elite. Me hace dudar de si lo que realmente desean es una población crítica.
    Quitar el impuesto es el primer paso para promover la lectura, pues en ello hay que ser claros, que los libros sean más baratos no nos garantiza mayores porcentajes de lectores; pero sí es justo presentar la oportunidad de obtenerlo. La cultura es de todos y el acceso al conocimiento no debe ser obstruido.

    • Francisca, apuntas a uno de los argumentos que más me gustan para defender una eventual eliminación del IVA al libro. Hay una distancia muy grande entre los discursos oficiales en favor de la lectura y la voluntad política de generar cambios importantes en este ámbito. Probablemente, la eliminación del IVA no tenga efectos sustantivos a corto plazo, pero es simbólicamente importante porque uno sentiría que, de verdad y más allá de los discursos para la galería, el Estado estaría reconociendo que el libro y en la lectura son «la clave para el desarrollo».

  2. El negocio editorial en Chile es un básicamente un negocio de importación. No hay industria editorial. El iva que tiene no es un impuesto a la cultura… es un impuesto a bienes importados.

    • Eduardo, aunque partes de una premisa equivocada (Chile sí tiene una industria editorial importante), efectivamente los libros importados tienen una participación en el mercado local bastante alta. No hay cifras sobre esto, pero yo diría que entre 60 y 70% de los libros que ves en una librería cualquiera son importados. Pero esto no es lo importante: que sean libros importados o hechos en otros países no es el problema. El IVA es un impuesto al consumo. Por tratados internacionales a los que Chile está suscrito, los libros no pagan impuestos de aduana, sólo el IVA de importación, que además el importador debe pagar mucho antes de vender los ejemplares (en el mejor de los casos, porque puede no venderlos). Sin IVA, el importador sólo pagaría el transporte y uno esperaría que esa rebaja de impuestos se traslade el precio de venta. Los libros importados serían más baratos.

  3. No.

    La campaña Libros Sin Iva va en directo beneficio sólo de las librerías para intentar vender más. El IVA es un impuesto cuya recaudación va en beneficio de la misma población. Que se use mal o bien por determinado gobierno es harina de otro costal. De seguir esa senda, pronto vendrán solicitudes de remedios sin IVA, alimentos sin IVA .. ¿eliminemos el IVA, mejor?

    El problema es el incentivo a la lectura desde la base. Si la gente puede pagar decenas de veces el valor de un libro (con IVA o sin él) para ir a un LolaPalooza, está claro que el problema no pasa por el impuesto, que además es una menor parte de los costos asociados al libro. El mayor costo, para que lo vayan sabiendo, es el que agrega la cadena de distribución, que va desde el 30% al 50% del precio de tapa como recargo.

    Sólo si se lee más, se consume más. Al consumirse más, las editoriales pueden imprimir mayores tirajes que los irrisorios 500 o 1000 de una editorial pequeña, o 3.000 – 5.000 de una más grande, bajando los costos de impresión y de esa forma efectivamente bajando el precio de venta, porque se vende más y más de prisa. Y para saltarse la cadena de venta, la idea es potenciar el acceso directo del autor al comprador, sin intermediario (literatura digital, impresión on-demand, autoediciones, etc.)

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