La librería Eterna Cadencia de Buenos Aires acaba de colgar esta foto en su blog: un mesón de novedades repleto de títulos de Ediciones UDP. ¿Qué otra editorial chilena puede mostrar una imagen como ésta en una librería extranjera? Habría que ir harto atrás para encontrar algo parecido: a la década del cuarenta, cuando Chile era un país exportador de libros y los títulos de Ercilla, Zig-Zag y Nascimento se peleaban las vitrinas del continente. Es cierto que Ediciones UDP cuenta con un cariñoso presupuesto universitario aprobado por un rector de lujo: supongo que ha sido una ventaja, pero no un factor decisivo. Ha logrado en diez años lo que otros sellos no han hecho en tres o cuatro décadas porque apostó a la calidad de un catálogo y al respeto por el lector. Ediciones UDP —por qué no— bien puede ser la punta de lanza de un florecimiento de la industria editorial chilena. Para quienes dicen que Chile tienen un problema estructural porque es un mercado pequeño: no pues, tenemos allá afuera un mercado de 500 millones de hablantes del idioma. Lo que necesitamos son políticas públicas de incentivo y editores de verdad.