material ligero

08 Jul, 2010

La cruzada de Alberto Montt

Por Marco Antonio Coloma | Archivado en América Latina

Una singular estrategia está utilizando Alberto Montt para promocionar su último libro, En dosis diarias 2. Editado y distribuido en Chile por Ediciones B, Montt quiere que su libro esté rápidamente en las librerías de aquellos países donde la transnacional española también tiene filial. Una aspiración legítima, pero un objetivo difícil y frente al cual se han rendido muchísimas promesas literarias locales.

Pero Montt no. Sabe cómo y a quién debe convencer e invita a sus seguidores a ejercer presión:

Si vives en México, Venezuela o Colombia (son los países que tienen sucursales de la editorial) puedes escribir un mail a los gerentes de tu país pidiéndolo. A ver si de una vez por todas logramos llevar las Dosis a todos lados.

Y a renglón seguido entrega los nombres y las direcciones electrónicas de los gerentes de las filiales de México, Colombia y Venezuela. Uno se pregunta si el empeño tiene la complicidad de la filial chilena y con qué ojos será visto el asedio por los directivos aludidos.

Vale consignar la anécdota: es una seña más de las dificultades que tienen nuestras industrias editoriales para hacer circular los libros dentro del Continente. A pesar de la calidad del trabajo de Alberto Montt –que por cierto merece presencia y promoción en otros países, donde tiene tantos o más seguidores que en Chile– su distribución no está asegurada por una editorial que cuenta con una plataforma multinacional para hacerlo. Tanto más difícil la tienen los editores chilenos para llegar, por ejemplo, a México, y los mexicanos para llegar a Chile.

25 Abr, 2010

Alicia en el iPad

Por Marco Antonio Coloma | Archivado en Tecnologías

El video muestra una aplicación desarrollada por el estudio Atomic Atelope para el archimencionado iPad. Se trata de una versión animada de Alicia en el País de las Maravillas que funciona como una muestra de todo aquello que el aparato de Steve Jobs es capaz de hacer. Es realmente impresionante. ¿Qué creen que preferirán nuestros hijos? ¿Un libro bellamente ilustrado con la historia de Lewis Carroll o esta Alicia tecnicolor versionada por Apple?

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Los acuerdos firmados entre Amazon y dos de los más cotizados superventas –Stephen Covey y Paulo Coelho– son la mejor seña de los profundos cambios que se están produciendo en la industria. Porque una cosa es la explosión de la oferta de dispositivos digitales de lectura y la ruidosa tecnocarrera por imponer el gadget del futuro, y otra son los cambios que afectan de manera irreversible el modo en que tradicionalmente se hacían las cosas en una industria que está dejando de ser lo que era.

A mediados de los años noventa, las editoriales bien informadas comenzaron a modificar sus contratos para incluir una cláusula que, sin mediar interpretaciones, les permitiera explotar el formato digital de los libros, formato que prometía –en pleno crecimiento de la burbuja de las punto com– buenos dividendos en un lapso breve de tiempo. Atinaron en la estrategia legal, pero se equivocaron en el plazo. Recién trece o catorce años después, Amazon logró afirmar y darle continuidad a un modelo de explotación de obras digitales que tiene al Kindle como protagonista, transformándose así en garantía y punta de lanza de un negocio que ahora parece estar sobrepoblado de ambiciones.

Cuando esas mismas editoriales no terminaban de amasar y decidir qué hacer con su patrimonio digital, Amazon vuelve a golpear la mesa y a marcar una tendencia que está dejando a muchos editores temblando frente a sus catálogos. Si algunos estaban mirando con moderado optimismo el auge del mercado digital, ahora no podrán disimular la sensación de estar amenazados por un gigante.

Stephen Covey (“The 7 Habits of Highly Effective People“, megabestseller publicado en español por Paidós) se inscribió en la historia como el primer autor en entregar a Amazon la explotación exclusiva de sus obras en versiones digitales, saltándose de ese modo a su editorial (Simon & Schuster) y dejándola de brazos cruzados frente al beneficio que supone el negocio de los e-books. Una de las notas de prensa que dio cuenta de la noticia a mediados del mes pasado partía con una imagen elocuente: “El mundo editorial vive su peor pesadilla”. Tres semanas más tarde, Amazon vuelve a la carga anunciando un acuerdo similar con Paulo Coelho: diecisiete de sus libros estarán disponibles de manera exclusiva para el Kindle, en idioma portugués, en su tienda en línea.

A pesar de la competencia del Sony Reader y del Nook de Barnes & Noble, Amazon sigue teniendo una lugar de privilegio en la industria de los e-books y es legítimo leer esta movida como una pura estrategia para mantenerse encima de sus competidores. Para los autores supone un beneficio evidente. Puesta a un lado la editorial, la torta sólo se reparte entre dos: autor y plataforma de distribución. De convertirse en ejemplo, la tendencia amenaza con expropiar de manos de los grandes sellos todo el segmento de bestsellers en versiones digitales, lo que en un escenario de auge de este mercado podría significar un desequilibrio sustantivo en el estado de resultados de esas empresas. Hay que tener presente que, con regularidad, el éxito comercial de muchas medianas y grandes editoriales está asociado al éxito de unos pocos autores de su catálogo.

Sin duda es un escenario delicado que podría tener otras consecuencias. Por lo pronto, la división del mercado de compra y venta de derechos en dos universos paralelos –los derechos para ediciones en papel y los derechos para la explotación digital– y con actores muy distintos. Y es muy probable que en la negociación de derechos digitales sean gravitantes empresas que no son editoriales, sino que, como en el caso de Amazon, Barnes & Noble o Google (no nos olvidemos del proyecto Google Edition), manejan las plataformas de distribución. En este escenario, muchos autores, tentados por un mayor beneficio, podrían intentar desconocer sus contratos o buscar un acuerdo con las editoriales que les devuelva toda la libertad de negociar con alguna de esas plataformas la explotación de sus obras en versiones digitales.

El mundo editorial está cambiando. Y cambiará más.

07 Ene, 2010

De qué sirve el Kindle en Chile

Por Marco Antonio Coloma | Archivado en Mercado|Tecnologías

Sea usted un lector en suelo norteamericano o en territorio chileno, los dispositivos electrónicos de lectura tienen al menos dos ventajas sustantivas frente al modo tradicional en que han circulado los libros. La primera, la rapidez para acceder a los contenidos: usted ya no tiene que desplazarse hasta su librería favorita ni esperar un ejemplar enviado por correo; con un lector digital, como el Kindle, sólo hace falta conectarse a la tienda en línea, entregar los datos de su tarjeta de crédito y en unos pocos segundos tendrá el libro descargado en su aparato. La segunda ventaja es su capacidad de almacenamiento y, por extensión, la ultratentadora posibilidad de llevar su biblioteca –su biblioteca digital– a cualquier parte.

Si usted es un consumidor (ya no digamos necesariamente un lector) que valora alguna de estas ventajas, tiene desde ayer una alternativa para satisfacer su impulso por la distinción: Amazon comenzó a comercializar su Kindle en Chile. Es el primer lector digital (y hay al menos una veintena) que se vende con despacho directo a nuestro país y que –más importante para su operatividad– una vez encendido en, por ejemplo, Plaza Italia, puede acceder gratuitamente a la red celular Edge, la misma que utilizan las Blackberries, para conectarse a la tienda y descargar libros desde Amazon.

Sea usted un lector en suelo norteamericano o en territorio chileno, el Kindle tiene una gran desventaja. Es un ingenio creado en un modelo de negocio cerrado: es un lector digital (Kindle) que soporta sólo un formato de libros (Mobipocket) que se comercializan en una sola tienda (Amazon). ¿Le sirve una comparación? Digamos que sería parecido a comprar un televisor Sony, marca que sólo se vende, por ejemplo, en Falabella, y que una vez enchufado en su casa sólo muestre la programación de Chilevisión. Algo así. Aunque con justicia valen dos matices. Primer matiz: Amazon tiene una importante oferta de libros electrónicos; aun así está muy lejos de compararse con la oferta que tiene en el ámbito de los libros impresos, la más grande del mundo, aunque el 99% en inglés. Segundo matiz: sólo desde hace algunas semanas el Kindle puede leer archivos en pdf, pero este formato no tiene la característica de transformarse en un texto fluido, que se ajuste a la pantalla y al tamaño de la letra.

Por lo tanto, si usted tiene, o piensa comprar, libros electrónicos en formato ePub –el formato estándar de la industria (de toda esa otra industria que no es propiedad de Amazon, claro está)–, tiene que saber que el Kindle no podrá leerlos. Olvídese, entonces, de leer en su aparato, por ejemplo, el millón de libros digitalizados por Google y puestos a disposición del mundo en el mentado formato ePub.

Y si, definitivamente, usted es un lector en suelo chileno tendrá más desventajas. La industria editorial en lengua española está lejos aún de subirse con todo el equipaje al barco del libro electrónico. Aunque los expertos hablan del 2010 como el año del despegue de este mercado en la Península, la oferta seguirá siendo menor por un buen tiempo más. Por cierto, el panorama de la industria editorial chilena es aún más germinal. Los editores chilenos no tiene nada que ofrecer para su Kindle.

Piénselo antes de comprar.

De qué se trata

Material Ligero es un empeño por asediar las tendencias de la industria editorial y los efectos que tienen las nuevas tecnologías, incluida la web 2.0, en el libro y la lectura. Esa es la idea, pero siempre resulta otra cosa.

Estoy transmitiendo en Twitter @mcoloma

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  • Para hacer el sitio de cierta librería en línea, les pagué un tercio por adelantado y en tres meses no hicieron nada. Sí, me estafaron. 19 hrs ago
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