Hablar con los muertos

Es curioso cómo te hablan los muertos. El miércoles pasado desperté pensando en mi abuela. Me costó un momento entender lo que estaba pasando: había tenido un sueño con ella e intentaba retenerlo, pero terminó por deshacerse en esa memoria frágil que tienen las cosas soñadas. Perdí la trama, pero guardé una imagen: mi abuela menuda, con el pelo amarrado en un tomate, de pie en el patio de nuestra casa. Unas horas después, a media mañana, supe que había olvidado el aniversario de su muerte, el día anterior. Sigue leyendo

Trece

Mi hija mayor cumple trece. Abro el álbum de fotos y me doy cuenta de que son pocas las que tengo de ella comparadas con las que guardo de su hermana. La razón es ésta: en los últimos años, en la medida en que la hemos visto definir su carácter, se ha puesto reacia a pararse delante de la cámara, y sólo cede cuando hay una circunstancia familiar que no puede esquivar. Cuando viene a mi casa, yo tengo la costumbre de fotografiarla de repente sin que lo advierta. Sigue leyendo

Frantumaglia

Cuando le preguntaron a Elena Ferrante, en una de las escasas entrevistas que ha concedido, a partir de qué materiales construye sus historias, dijo que su punto de partida es algo que su madre llamaba frantumaglia: ese puñado de cosas de origen diverso que se agita con persistente desasosiego en nuestra cabeza: palabras, lugares, imágenes, fragmentos de memoria que flotan dispersos, y que pueden sobrevivir ahí, repiqueteando de vez en cuando, durante años. Sigue leyendo

La cajita de los secretos

Luis López-Aliaga dice que los secretos familiares son como una cajita que alguien ha puesto en algún rincón de la casa. Una cajita cerrada y discreta, por supuesto. Todos saben dónde está, se topan cotidianamente con ella, pero nadie se atrevería a abrirla. Para evitarlo y para disimular su presencia, “le ponen incluso un mantelito a crochet encima”. Sigue leyendo

Compensaciones

Juguemos al payasito, me dice. El juego no tiene nada que ver con payasos. A ella le gustan los juegos físicos y en algún momento de nuestra vida se ha inventado éste y le ha puesto ese nombre, vaya uno a saber por qué. El juego consiste en encaramarse encima mío. Me escala como si yo fuese un árbol. Sigue leyendo

Modiano a orillas del Mapocho

Es insoportable que un escritor detenga a sus personajes en cada semáforo sólo para mencionar la calle que están a punto de cruzar. Exagero, obviamente. Pero es más o menos lo que pasa, una y otra vez, en esta novela de Modiano que, por fortuna, ya voy terminando (abandoné otra suya hace unos meses y la culpa me obligó a darle a ésta la oportunidad de contar la historia completa). Sigue leyendo